X

Uso de cookies
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Subscribe

Cum sociis natoque penatibus et magnis
[contact-form-7 404 "Not Found"]

Subscribe elementum semper nisi. Aenean vulputate eleifend tellus. Aenean leo ligula, porttitor eu, consequat vitae eleifend ac, enim. Aenean vulputate eleifend tellus.

[contact-form-7 404 "Not Found"]

Las locuras de ocho periodistas valencianos (parte I)

El festival 10 Sentidos ha pedido a varios periodistas valencianos que escojan un ‘objeto’ cultural relacionado con el lema de este año ‘A lo caos’

 

Carlos Aimeur (CulturPlaza)  Alguien voló sobre el nido del cuco (película o libro)

“Tanto el libro como sobre todo la película de Milos Forman  de 1975, me impresionaron en su día y me conmovieron.
Muchas de sus imágenes se me incrustaron en la memoria.
Tuve la suerte de conocer la novela muchos años después de  ver el largometraje y no me sorprendió descubrir que se  basaba en las experiencias del autor, Ken Kesey, cuando  trabajó en el turno de noche de un psiquiátrico; era tan
vívida que se intuía que estaba inspirada por la realidad.
En ocasiones, al reflexionar sobre ella, creo que lo que me  causó tanta atracción fue el mensaje metafórico que se
esconde tras la narración. Nunca he tenido claro si era o  no un buen reflejo de la locura, pero sí de la
incomprensión y la terca obstinación de las mentes obtusas  que rigen el manicomio que es a veces nuestras vidas. De hecho no creo que sea el film que mejor refleje las  enfermedades mentales, ahí está por ejemplo ‘Una mente
maravillosa’ o la tortuosa ‘Spider’ de David Cronenberg,  pero ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’ forma parte de mi
educación sentimental y es la primera referencia que me ha venido a la cabeza.”

 

Susana Golf (Urban VLC) Alicia en el País de las Maravillas

“Se lo advierte a Alicia el Gato de Cheshire. «El Sombrerero está loco» Pero el Sombrerero conoce al Tiempo, aunque se peleó con él durante el gran concierto que ofreció la Reina de Corazones. Ahora su reloj atrasa dos días y marca permanentemente la hora del té. Y no consigue arreglarlo ni untándolo con mantequilla. Deberías decir lo que piensas, sugiere la Liebre de Marzo, presa también de la demencia. ¿Cabe hoy mayor enajenación? Una merienda de locos (capítulo VII). «Alicia en el país de las maravillas». Lewis Carroll.  ¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?, le pregunta el Sombrerero a Alicia. Bendita locura”.

 

Carmen Velasco (Las Provincias) El Nao de Brown

“Para ellos seguramente soy una chica mona y callada que se las da de artista, medio inglesa, medio japonesa… soy la ‘exótica’. Lo que no saben es que soy una puta tarada”. Así se presenta Nao Brown, una persona que esencialmente lucha contra sí misma. Trata de vencer sus pensamientos macabros, como lanzar a un hombre a las vías del metro, clavar un bolígrafo en la yugular de su maestro de meditación, atropellar con la bicicleta a un niño de la calle o apuñalar a una mujer embarazada. ¿Es una puta tarada? Realmente sufre de trastorno obsesivo-compulsivo, una enfermedad que no anula la voluntad de Nao por llevar una vida lo menos excéntrica y problemática posible. Y, en numerosas ocasiones, lo consigue.

El cómic ‘El Nao de Brown’, de Glyn Dillon (Norma Editorial), refleja a la perfección la batalla de la cordura contra la locura, o al revés. Las viñetas se presentan como el mejor formato para mostrar “los pensamientos horribles que me golpean como un puto martillo”, según la protagonista, enfrentándolos a la realidad cotidiana. El dibujo permite conocer de forma magistral el abismo mental de Nao, una chica que comparte piso con una amiga enfermera, que trabaja en una particular tienda de juguetes, que se enamora de un chico cuyo rostro se parece a un personaje de una serie de animación japonesa, que quiere ser ilustradora… Vamos una persona como otra cualquiera.

‘El Nao de Brown’, que contiene un velado homenaje a Miyazaki y Moebius, no deja de ser una historia de superación, de autocontrol y de encontrar el camino propio más allá de la enfermedad. “En ese momento de frío y claridad supe que había una verdad que nunca cambiaría. Yo soy mi infierno, habita en mí, es mi responsabilidad y mi culpa. Pero no pasa nada. Mis problemas no eran problemas más que en virtud de mi forma de afrontarlos”, concluye Nao.

 

Rafa Rodríguez Gimeno (Verlanga) Juegos de la edad tardía

“Juegos de la edad tardía”, de Luis Landero (Tusquets, 1989), es una novela que hay que empezar a leer con una pértiga en la mano. Una vez saltado el primer capítulo, hagan hueco en sus venas, porque va directa a ellas.

Gregorio Olías quiso ser poeta y acabó como oficinista en una empresa de aceitunas y vinos. Pero una llamada de teléfono le cambia la vida. Al otro lado del aparato, Gil, representante, aburrido de su existencia, le pide noticias de la ciudad. Y aquí se complica todo. Una mentira, dos mentiras, tres mentiras, la impostura de todas las imposturas. Olías crea a Faroni, el artista que ambos anhelan ser y nunca ven reflejado cuando se miran al espejo. La mentira y la impostura siguen creciendo hasta que son demasiado grandes como para echarse atrás.

¿Es lícito mentir para hacer feliz a otro? ¿Y para acabar con las frustraciones personales? ¿Es locura un embuste llevado más allá de los límites de la realidad? ¿Quiénes son los locos: los que aceptan la monotonía de sus apagadas vidas o los que luchan con afán por buscar una salida a la misma aunque sea viviendo una existencia paralela? ¿Son los sueños el preludio de la enajenación?
No busquen las respuestas en el libro. Landero no juzga a sus personajes. Ni falta que les hace. Como si de un descacharrante encuentro entre Don Quijote y Pee-Wee Herman se tratara, la novela es, al mismo tiempo que una deliciosa narración, un viaje por la profundidad de la mente humana. Enferma o no, ya lo tiene que decidir cada uno. Si no fuera un término tan archisobado hasta podríamos hablar de surrealismo, eso sí, mental, pero mejor dejar las etiquetas para otra ocasión y disfrutar de su lectura. Cuidado con las mandíbulas que se desencajan en algunas páginas. Como la vida misma. Se trata de una divertida locura.

“Juegos de la edad tardía” ganó el Premio de la Crítica en 1989 y el Premio Nacional de Narrativa en 1990. Incluso unos fantásticos chalados crearon un Círculo Cultural Faroni (en homenaje al héroe de la novela) que convocaba, anualmente, un concurso de microrrelatos de 15 líneas con premios imposibles y estrambóticos”.

 

 

Durante la celebración del festival las librerías Bibliomanía, Estudio 64, Patagonia, Primado, Railowsky, Soriano, La Rossa, Dadá, El chico ostra, Ubik, Librería Leo y Bartleby dedicarán un rincón a la locura, donde se pueden encontrar publicaciones sugeridas por los libreros relacionadas con el tema. Además la Filmoteca y la Fnac dedicarán ciclos a películas y series que abordan esta temática. 

 

Los comentarios están cerrados, disculpe las molestias.

X